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17/09/2016

Varios

Un blog en Marina d’Or.

Hola a todos y todas.

Somos Estefanía y Sergio, una pareja de veinteañeros que siempre andamos buscando como pasárnoslo bien. En esta ocasión nos remontamos a principios de junio de este año para relataros como fue un día de visita a Marina d’Or.

La elección del día no fue casualidad, ya que buscábamos disfrutar de un día tranquilo, en el que ya hiciera buen tiempo, pero que se encontrara todavía inmerso en esa magia que nos regala la primavera.

Durante la mañana tomamos la acertada decisión de visitar la playa que se encuentra al lado de los jardines. Lamentablemente de ese momento no hay fotos, porque decidimos dejar los objetos de valor en el coche. Pero aquí es importante destacar que la playa cumplió las expectativas y supo estar al nivel de otras ocasiones anteriores: tanto por la limpieza, que lucía impecable; como por la serenidad y armonía que mostraba con los elementos decorativos aportados por el hombre.

Pues allí estuvimos hasta aproximadamente la una de la tarde que nos entró el hambre. En ese momento decidimos dar una vuelta por los distintos restaurantes que hay en las inmediaciones, a ver si alguno llamaba nuestra atención.

No tardamos mucho en dar con nuestro objetivo, tanto por la composición del menú, por la inmejorable calidad-precio y como último criterio (este más bien psicológico) la cantidad de clientes que en ese lugar había, enseguida supimos que era allí donde íbamos a pasar la próxima hora. Y ahora sí que ya, podemos ilustrar nuestro artículo con buenas imágenes de lo que contamos.

Nada más sentarnos y como cortesía de la casa, nos ofrecieron un plato de empanadillas y tostadas con jamón york y pimentón:

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Para beber pedimos una botella de vino:

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E inmediatamente, sirvieron el que para mí fue, el mejor de todos los platos. Juzguen ustedes mismos:

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Y una ensalada…

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De momento la mesa lucía así:

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Luego llegaron los segundos, acompañados por una cesta con rebanadas de pan:

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Y para acabar, compartimos un trozo de tarta de arándanos.

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Al acabar de comer, decidimos dar una vuelta por los jardines, para comprobar la eclosión de vida que el parque había sufrido con la primavera:

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No tardamos mucho en ver los primeros recién nacidos:

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Patos, cisnes, gansos, tortugas, carpas, faisanes, perdices, codornices… son solo una parte de las especies que forman parte de la biodiversidad de los jardines, que cuentan con una gran riqueza biológica. Los pavos reales salían a nuestro encuentro como dándonos la bienvenida.

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Impresionante el portón que comunica con la playa:

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Como igual de impresionantes son los olivos milenarios que custodian los jardines:

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La verdad es que los jardines son una delicia para los amantes de la naturaleza. Vendrían a ser algo así como el pulmón de Oropesa, donde se entremezclan especies vegetales típicas de la zona con otras puramente ornamentales, todo minuciosamente cuidado por grandes profesionales que incluso se atreven con el arte topiario. Un lugar donde los animales campan a sus anchas causando la admiración de los visitantes, que se quedan poco menos que hipnotizados, cuando por ejemplo ven como un llamativo pavo real camina a escasos metros suyos haciendo un despliegue de arrogancia y cromatismo característico de su especie.

En ese momento uno se dice para sí mismo: ¡Marina d’Or, qué guay!

Estefania Villar Soler y Sergio Ruiz Fuentes.